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Dr. Pez

 
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Fondo Decorativo para el Acuario

A todos nos habrá ocurrido alguna vez, en algún momento dentro de nuestra más o menos extensa trayectoria como acuaristas, que tras finalizar nuestro último proyecto nos percatamos de que hay algo que no acaba de gustarnos.

Después de pensar detenidamente en ello decidimos, definitivamente, que nuestro montaje habría quedado muchísimo más bonito con la incorporación de un simple fondo decorativo, situado en el vidrio trasero del acuario. Sinceramente, el color insulso de la pared de nuestra estancia, no nos parece demasiado adecuado ni suficientemente atractivo como para utilizarlo de “fondo” en nuestra fabulosa escena submarina, tantas veces pre-visualizada anteriormente en nuestra imaginación.

Para este menester en particular, la industria tiene previstas algunas soluciones comerciales disponibles en casi todos los comercios del ramo. Nos referimos, como no, a los típicos fondos decorativos que nos muestran, en una agraciada fotografía, algunas rocas, invertebrados y algas. No obstante, si directamente te “asustan” estas imágenes, también hay disponibles láminas en colores sólidos, o bien, en dos colores degradados. No dudamos de su funcionalidad, claro, pero pensamos que nuestro acuario se merece otra solución más “singular”.

Si ahondamos un poco más en nuestra búsqueda, quizás podamos encontrar otras soluciones mucho más elaboradas y atractivas, como son los fondos de aspecto tridimensional realizados en fibra de vidrio, resinas, y pintados cuidadosamente a mano. Estos últimos, reflejan casi fielmente algunos biotopos clásicos dentro de esta faceta de la afición: el acuarismo marino. Sin embargo, nosotros buscamos algo distinto y diferente, que resulte igualmente estético (o más si cabe), pero sin los pequeños “inconvenientes” inherentes a las soluciones comerciales citadas más arriba.

Uno de los problemas que presentan las láminas a todo color (las fotografías de arrecifes ideales o coloreadas),es simple, pero puede llegar a convertirse en un pequeño incordio. Y es que la lámina, generalmente de aspecto impecable y elaborada en un material plástico de excelente calidad, no es “autoadhesiva”. Como es de esperar, aplicamos entonces, un trozo de papel de celo en cada esquina y la colocamos en el vidrio trasero del acuario.En principio, todo bien. Sobre todo, si los motivos fotografiados en la lámina son de nuestro agrado. Lo malo suele venir después, con el paso del tiempo.

Cuando pasamos una y otra vez los imanes limpiadores, durante nuestras operaciones rutinarias de mantenimiento del acuario. El papel de celo empieza a ceder. Las posibles salpicaduras, típicas en cualquier aficionado al acuario marino que se precie, se cuelan inexorables entre la lámina y el vidrio. Como resultado, ahora tenemos unos bonitos “churretes salinos” que van ocultando, cada vez más y más, nuestro agraciado fondo decorativo. Otro problema que se presenta si utilizamos, por ejemplo, el por todos conocido “papel rocoso” o también, los cada vez más usados fondos tridimensionales es, precisamente, que en nuestras operaciones periódicas de limpieza nos va a resultar casi imposible el uso de los imanes limpiadores.

El resultado, en ambos casos, va ser seguramente igual de desagradable. Las algas tapizarán gran parte del vidrio trasero o el mismo fondo decorativo (los fondos de fibras y resinas pueden utilizarse dentro del propio acuario). Claro está que en el primer caso, podemos recurrir a la famosa cuchilla, segando de raíz el problema. Pero de todas formas, el papel rocoso, se nos antoja poco estético para colocarlo en nuestra instalación.

¿Qué otra cosa podemos hacer? Bueno, hay algunas soluciones alternativas. Así que decidimos pintar el vidrio trasero con una buena pintura de un color adecuado (generalmente en azul zafiro, azul reflejo o negro) En principio puede parecer la solución definitiva (en realidad, definitiva si que lo es). Y es que la pintura, una vez aplicada, es permanente, es decir, que para quitarla posiblemente dañemos el vidrio del acuario. Por otro lado, el resultado es de calidad “profesional” y los problemas de limpieza se acabaron.

Pero un buen día, lees algo sobre un material denominado “vinilo”. Vinilo autoadhesivo... Y piensas que esto puede ser, en realidad, lo que andas buscando. Porque si te das cuenta, es una solución “intermedia” entre la lámina (pero sin la foto) y la pintura.

Las dos grandes ventajas del vinilo autoadhesivo son: su gran facilidad de montaje y viceversa (se retira del vidrio con extrema sencillez). Y además, no presenta ninguno de los problemas de limpieza descritos anteriormente, porque el vinilo, se adhiere firmemente al vidrio trasero del acuario formando, aparentemente, una sola pieza. La calidad del acabado es de “cinco estrellas”.

Otras características, quizás algo más técnicas, propias del vinilo autoadhesivo que debemos conocer son:

-Mínimo espesor (el espesor se mide en micras)
-Estabilidad dimensional (es decir, no se estira ni encoge fácilmente)
-Resistencia al agua marina y a los agentes limpiadores.
-Gran resistencia a la temperatura (desde los –20ºC a los 65ºC)
-Amplia carta de colores (Colores RAL)

Y ya sin más, vamos a explicar el método de colocación de una lámina de vinilo autoadhesivo en el vidrio trasero del acuario. El método más sencillo para realizar esto es el denominado “método húmedo”, que nos permite un margen muy amplio de errores de posicionamiento antes del pegado definitivo de la lámina. Al contrario que el método húmedo, el “método seco” no es muy recomendable para personas poco pacientes, o poco habituadas a los trabajos típicos de bricolaje del acuario.

Este sistema,(el método seco) si no se aplica correctamente, puede presentar acabados poco satisfactorios, con demasiadas burbujas de aire encerradas, que nos va a resultar prácticamente imposible eliminar.

Lo primero y lo más importante es limpiar muy bien la superficie exterior del cristal con alcohol para limpieza (el vinilo se coloca en el exterior del acuario), empleando para esto, un trapo que no suelte nada de pelusa o un papel de muy buena calidad.

Decimos que esta operación es muy “importante”, porque es preciso eliminar cualquier resto de grasa o silicona adheridos al cristal, antes de la colocación de la lámina, para evitar posteriores problemas de pegado o la aparición de las molestas burbujas de aire.

Después de poner unos papeles, o periódicos viejos, para no manchar demasiado la superficie de trabajo, por ejemplo una mesa grande, se extiende bien la lámina y se retira el papel que protege el adhesivo. La cara adherente debe quedar ahora hacia arriba, así que debemos tener cuidado con los dedos a partir de este momento.

Momento en el que vamos a empezar a poner el vinilo adhesivo.

Previamente, se debería haber preparado una mezcla de agua jabonosa, utilizando para ello “mistol”, “fairi” o similares. Pero mucho mejor si encontramos un detergente no concentrado, y siempre sin pasarnos con el jabón, ya que no queremos hacer espuma.

Una vez conseguida la mezcla jabonosa, se aplica con cuidado, directamente al adhesivo de la lámina de vinilo, mediante el empleo de un pulverizador para líquidos (astutamente sustraído del mueble en donde tu mujer guarda los útiles de limpieza). Cuando toda la superficie del adhesivo ya está empapada, deberás aplicar un poco de agua jabonosa en tus manos, y también en el cristal del tanque.

Se coge la lámina, con mucho cuidado de no ponerlo todo "pingando", y se coloca cuidadosamente sobre el cristal del tanque. Es mejor que la superficie se encuentre en posición horizontal, pero esto no es critico, sobre todo, si estamos trabajando con tanques de grandes dimensiones.

Observarás que se puede desplazar la lamina sobre el cristal sin demasiados problemas. El agua jabonosa impide, por el momento, que ésta se pegue definitivamente al cristal. Se coloca en su sitio definitivo, se centra con cuidado realizando movimientos circulares, y se extiende bien con la palma de la mano humedecida.

Ahora, se necesita un “útil” para extender completamente la lámina y expulsar el agua y el aire que están atrapados entre el cristal y la lámina: una espátula de material plástico. Ésta debería ser obligatoriamente de plástico, para evitar que se dañe la lámina de vinilo. Hay que presionar y deslizar el útil con cuidado hasta que, poco a poco, vamos expulsando el agua y las burbujas de aire.

Puede resultar difícil expulsar toda el agua ayudándote sólo con la espátula, pero puedes utilizar también un secador de pelo (astutamente sustraído del neceser de tu mujer). No lo acerques demasiado a la lámina de vinilo, y no lo ajustes en la posición de calor máximo, y solo utilízalo al final de la operación, para obtener un buen acabado.

Más tarde, cuando todo esté bien seco y la lámina se haya adherido y tensado sobre el cristal, y parezca que forman una sola pieza, puedes ayudarte de un “cutter” o una cuchilla especial (del tipo “x-acto” para maquetismo) para recortar todo el material sobrante. Es mucho más sencillo utilizar una lámina con dimensiones algo superiores a las del vidrio, y recortar el material sobrante, que pasarlas “canutas” centrando una lámina con las dimensiones, más ajustadas, a las propias dimensiones del vidrio.

Al terminar, el aspecto del cristal debería ser así.

Si todo ha ido bien, el resultado debería ser profesional y sin la aparición de burbujas de aire en la superficie de la lámina de vinilo. No tiene por qué ocurrir nada malo, pero si ocurre cualquier contratiempo y debes retirar la lámina una vez pegada al cristal, utiliza de nuevo el secador de pelo para ablandar el adhesivo de la lámina. Ya verás con que facilidad se puede retirar.


Alfredo Fernández Santos  
Moderador Áreas de Marino en Dr. Pez  



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